7.12 Cosacos. Qazvin
(24.07.1618? – 26.07.1618)
Qazvin (s. XVIII)
Cuando el Embajador vino á Casbin estaba allí un cosaco llamado Estephano, que por Circasia y el Gurgistan habían enbiado aquella congregación de cosacos que moran aquella parte de la Rusia por donde el río Boristenes entra en el mar Negro. Esta manera y genero de gente, que por mar y tierra son famosos piratas, enviaron este hombre de su conpañia á offrecerle al rey de Persia su ayuda en cuanto á ellos le fuese posible, porque sabiendo la guerra que tenía con los turcos, de quien ellos son perpetuos y capitales enemigos, les parecía que este rey les podría ayudar con alguna cantidad de dineros para armar navíos y pagar la gente vagabunda y perdida que de las naciones circunvecinas se le allegaba debajo de este nonbre de cosacos, y poder con mayores fuerzas emplearse en los robos y daños que por toda la costa del mar Negro ordinariamente hacían. Y aunque en los demás ríos que entran en este mar hay tambiçen otras conpañías de cosacos que se ocupan en el mesmo oficio de saltear como en la Duna, que es el Danubio, en el Nistro, que es el Tira, y en el Don, que es el Tañáis, estos del Boristenes, llamado Nipro de los rusianos y tártaros Precopenses, son en mayor cantidad, y los que han enprendido ahora en estos últimos años mayores cosas contra los turcos de lo que sus flacas fuerzas pueden alcanzar.
Han mostrado los cosacos en nuestros días, de cuan pequeños principios, cebados con los robos que hacen, se vienen á augmentar y hacer formidables semejantes conpañías de predones, poniendo estos en la misma necesidad y cuidado á la potencia turquesa que antiguamente los piratas Isauros y Cilices á la Romana. Porque no solo se atreven á robar los navíos desarmados de mercaderes que navegan por el mar Negro y los lugares abiertos de su costa, pero acometían con sus pequeñas fustas, galeras armadas de los turcos, y las ganaban peleando, saqueando ansimismo muchos lugares fuertes de la misma marina. Y llegó á tanto la temeraria, aunque felice osadia de estos piratas, que después de haber robado y quemado á Senapio y Amison, que son las famosas y antiguas colonias griegas de Sinope y Amiso, en la costa marítima de Natolia, con la misma felicidad, dos años antes que esto se escribiese, acometieron repentinamente, al amanecer, á la ciudad de Cafa, antiguamente colonia de genoveses, y ahora corte y asiento del rey de los Precopitas tártaros, y animosamente la entraron y saquearon con muerte de muchos tártaros y turcos.
Son prestísimos en hacer sus asaltos, usando de una admirable promptitud y destreza en ejecutar sus facciones, aprovechándose de grande noticia que tienen de todas aquellas costas del mar Negro y mar de la Tana, con todas las entradas y canales de los ríos que en ellos entran. Los navíos de que se sirven son unas muy pequeñas fustas, en cada una de las cuales no van más de veinte y cinco ó treinta hombres, que igualmente hacen officio de remeros y de soldados, sin más aparato ni regalo de lo que tasadamente al de ellos puede bastar. Sus armas son cimitarras y arcabuces cortos de pedernal, como los que usan los bandoleros en Cataluña ó en el reyno de Ñapóles, trayendo cada uno dos y tres arcabuzes, de que son diestrísimos tiradores.
En fin, si como andan divididos en cuadrillas y en diferentes ríos, estuviesen unidos y tuviesen á quien obedecer, serían formidables, no solo como lo son á los vecinos, pero aun á los que estuviesen más lejos.
No tienen cabeza, ni para su pirática milicia ni para su miserable y bestial genero de vivienda, careciendo de todo el consorcio y pulicia humana, sin lugares poblados en que poder pasar con alguna comodidad la vida, ni fortalezas en que poder defenderse de sus enemigos, sino que como fieras viven el tiempo que no andan robando, escondidos en la espesura de los bosques, carrizos y cañaverales que se crían en las orillas de los dichos ríos, eligiendo temporalmente, por pocos días y conforme á las ocasiones que se les ofrece, los capitanes que les parecen más á proposito, nombrando luego otros, sin haber tiempo cierto ni limitado para ninguno.
No tienen mujeres propias y las que prenden en sus robos y asaltos por mar y por tierra, después de haberse algunos días servido de ellas las venden y truecan con las naciones vecinas, si es posible que ninguna quiera ó pueda tener comercio con tan fiero y bestial genero de hombres. Y por dar alguna reputación á su barbara y odiosa república, si tal se puede llamar esta latrocinante coluvie, han hecho reconocimiento y están, según ellos dicen, debajo de la protección de los reyes de Polonia, de quien, por la vecindad de Podolia y Rusia la inferior, secretamente son ayudados de armas y municiones.
Y parece cosa increíble poderse sustentar tan poco número de hombres en la canpaña sin algún reparo de artificio humano más del que le dan las malezas de los ríos, contra tan poderosos y cercanos enemigos como son turcos y tártaros, de los cuales, estos, como señores de los campos de ambas las riberas del rio Nipro, y los primeros desde las fortalezas de Alba y Moncastro, podían acabarlos y destruirlos. Pero conocese por experiencia que casi sin daño suyo es muy grande el que cada día hacen á estas dos naciones.
Acudía muchas veces este cosaco, que era hombre de mediana y doblada dispusición y de una vista leonina y fiera, á la posada del Embajador en Casbin, que le socorrió siempre de lo necesario, y al tiempo que el rey se quiso partir, habiendoselo ya antes recomendado de palabra, encargó su despacho muy particularmente al aposentador mayor Ussenbec, diciéndole que no debía el rey, teniendo tan grandes y poderosos enemigos como los turcos, menospreciar aunque tan pocos, la amistad de estos valientes hombres.
Casbin es de la misma población y grandeza ó poco menos que Spahan, sin lo adjunto de las nuevas colonias, pero aun más arruinada y de mucho menos concurso de gente. Después que Tabris fué saqueada del Gran Turco Solimán, Xa Thamas, rey de Persia, mudó su ordinaria residencia y corte á esta ciudad, que está en el centro y corazón de la noblísima provincia de Media. Y aunque no se vee ahora en ella, fuera de su Maidán, cosa que pueda ilustrarla, tiene hermoso y apacible sitio en un gran llano que ocupa muchas leguas, con una sierra á menos de medio día de camino hacia la parte del Norte, estando cercada por las demás partes de muchas viñas y aldeas muy frescas de arboledas y jardines.
Y con haber sido tantos años corte del dicho Xa Thamas, y después de Mahamet Codabanda su hijo, no se vee en ella casa real, ni palacio, aun de los que pueden bastar á se aposentar en ellos cualquiera capitán y gobernador que allí residiese. Porque lo que pareció en aquella huerta adonde se recibió el Embajador, que debía ser lo mejor que el rey tenía, era de muy poco y ruín aposento, contentándose los reyes que aquí asistían, como dados solamente al regalo y vida ociosa, á vivir en los hárames de sus mujeres que hay esparcidos por toda la grandeza de aquella huerta. En el verano y estío, como aquí tan á costa suya probó y halló por experiencia la familia del Embajador, tiene malísimo aire, con excesivas calores y gruesa, pesada y pestilencial agua; en fin, no hay en ella cosa digna de la fama que en Europa hay de su grandeza y como de corte de tan grandes reyes.
Está en treinta y cinco grados y veinte y ocho minutos de latitud á la parte de nuestro Polo Ártico.
(
García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro V, Capítulo VI, pp. 149 – 153)